Mirada Social

Fragmentos de

un diario de cuarentena

 

asincrónico, desordenado y fugaz

 

 

por Lucas Rozenmacher

AULA PARA FUMADORES

 

Comienzan los días más frescos, entre todos los edificios que entretejen la maraña de las manzanas en Almagro, el viento se convierte en chiflete y las ventanas vibran y retumban, vencidas a la fuerza de lo que viene.

Estoy frente a la puerta balcón y no sé si abrir un poco o no. La calefacción me está embotando, debería abrir, aunque más no fuera un poquito, pero no me decido. Me tumbo en el sillón y después de sorber un par de mates, corro un cachito la puerta.

Al entrar el viento, no sé por qué mierda me acuerdo de una tarde en sociales en donde éramos muchos, pero muchos para entrar en la 206, un aula en donde entraban cuarenta y pico, pero nosotros ese día y durante toda la cursada fuimos 70.

No me acuerdo de qué era la clase, evidentemente, la clase era una garcha o por lo menos no la pude tomar de la manera más cómoda posible, pero ese no es el tema que convoco al recuerdo en esta mañana número mil de la cuarentena, no.

Recuerdo que luego de acomodarnos como pudimos, una compañera levanto la mano y pidió que por favor no fumaran dentro del aula porque ella era asmática. Como respuesta la compañera recibió un “uy estás bien” “pobre mina”, “a ver ¡compañeros! Abramos las ventanas”

Luego de esa propuesta saltó otro y dijo “no, las ventanas no, que la compañera se siente en la puerta, si abrimos las ventanas no se va a escuchar nada”, otra agrego “pero si quedan abiertas las dos puertas a las siete y media ya no se va a poder dar clases”

La compañera decía esto luego de referirse a que a las 20 hs se producía el cambio de horario y como había una sóla escalera y los pasillos estaban ocupados a la mitad por mesas y pupitres, se hacía muy difícil transitar y se acercaban al aula desde antes para que cuando se produjera el recambio se pudieran tener asientos.

“A ver compañeros, ustedes están en pedo, la compañera tiene asma, está pidiendo que no fumemos, nada más, si no fuman se terminó el problema”, un par asintieron y la chica se sentó, otros comenzaron a mover la cabeza de manera negativa y dijeron, “no compañera, no estoy de acuerdo, ¿Por qué vamos a tener que dejar de fumar?” y señalando la ventana dijo “abramos la ventana (y mirando a un compañero) mové la manija y después pasála para el otro lado para que se abran las dos ventanas”.

Otro saltó a los gritos y dijo “no compañeros que en marcelo t pasan como veinte líneas de colectivos, no vamos a escuchar una mierda” En ese momento intervino el profesor y dijo “bueno, eso es verdad, me voy a quedar sin voz”.

“Claro compañeros, se va a quedar sin voz el profesor y además este es un acto creativo, nadie tiene derecho a no permitirme establecer un vínculo profundo con mi creatividad y a mi fumar me conecta con las ideas” (se sentó y comenzó a pisar el tabaco de su pipa y otro que fumaba unos cigarritos marrones horribles asentía como muñeco loco)

Luego comenzó una discusión sobre la importancia de la libertad creativa y que el acto formativo ameritaba una vinculación profunda con el saber y que el saber estaba directamente ligado con el placer de estar con uno mismo en la mayor de las comodidades.

Recuerdo que estuvimos gran parte de la clase discutiendo sobre la experiencia formativa y el tabaco, también recuerdo como uno dijo que esa era una falsa dicotomía que ya había resuelto Baudelaire con la comparación entre el vino y el hachis, ahí se fue todo a la mierda y el profesor se hizo cargo, nuevamente, de la discusión.

“A ver compañeros, vamos a hacer una cosa (mientras encendía su gittans) votemos para ver si se puede fumar o no en el aula”. En ese momento la chica que había pedido que no fumaran porque le hacía mal y no quería volver a descomponerse dejo escapar la cara de horror mezclada con vergüenza y timidez.

Se votó y gano la postura de seguir fumando, hubo un breve festejo y el profesor con cara socarrona y un poco de sorna miro a la chica y le dijo “¿qué se le va a hacer compañera? Así es la democracia, la mayoría dijo que se fuma”

La chica no contestaba nada, estaba paralizada, un par de amigas, a su alrededor, estaban indignadas y decían “ustedes son todos unos enfermos” y otro con una barba que le comenzaba a crecer, mientras armaba un cigarrillo las interrumpió y les dijo “a ver compañeras no sean fascistas, la mayoría eligió que se fumaba y si no les gusta bánquensela igual”

Allí volvió a intervenir el docente y nos dijo “a ver, a ver, dejen que la compañera se siente del lado de afuera para que no le llegue el humo y vos (señalando a la chica) cualquier cosa, si tenés una duda te asomas y me preguntas”

La piba salió y se puso a un costado mientras recibía todo el humo que emanaba de esa habitación que tenía las ventanas cerradas y escuchaba el murmullo de la voz del profesor que contaba no se qué mierda.

Volvía al 2020 y aspiré fuerte el viento que venías con más fuerza aún y me alegré de no estar de nuevo en esa piecita, colmada de gente con fumadores de todos lados mientras el menemismo traía desigualdad y consumo.

Día tres mil quinientos de una cuarentena anunciada y me levanto para volver a respirar una vez más.

 

 

Sobre EL AUTOR

Lucas Rozenmacher es docente e investigador en la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS)y la Universidad de Buenos Aires (UBA).Se graduó en sociología de la UBA y en la actualidad, se encuentra trabajando en su tesis de doctorado en Artes (¡hace un millón de años!) en la Universidad Nacional de la Artes (UNA).

Fue Director del Centro Cultural y de la Licenciatura en Cultura y Lenguajes Artísticos de la UNGS y publicó los libros Cristales, El cuadrado en la Pluma, De cosas, barrios, situaciones y un breve acercamiento al amor, Palabras Rectoras, El origen de una tragedia y Espacio y Performance. Poéticas, prácticas, acciones e intervenciones en la escena estético-política argentina hoy.

También cuenta con más de una treintena de otras publicaciones, entre artículos, capítulos de libros y textos voladores en revistas y otros formatos. Participo en diversas intervenciones performáticas junto con los colectivos sociologiacontraataca y el Colectivo Artístico Intersticial (CAI) con quienes produjeron intervenciones en la vía pública, centros culturales, museos y espacios universitarios.

También realizó una serie de performances en soledad, como, por ejemplo, los distintos Loops (de poesía, Bicentenario y Revolución), Espacio de Poder y Puerta de Baño. También produjo y dirigióvideos experimentales, cortos, documentales y escribió una serie de obras de teatro.

En la actualidad, además de estar escribiendo su tesis sobre Ofelia, intertextualidad y performance en América latina hoy, se encuentra a la espera de la publicación de su nuevo poemario En tránsito que realizó acompañado por las ilustraciones de Ángel Jara (también mimbro del CAI) y trabaja en un nuevo libro en el que cose las texturas del encierro y la vida cotidiana en pandemia