Ensayos

Barrio 17 de octubre y Gafa

 

parte del libro Las patas en la fuente

(editorial eneljardindelacasaderomán, 2020)

por Nadia Mayorquín

Vivir en el barrio porteño de Villa Pueyrredón es tener la experiencia de disfrutar de la dinámica de un microclima con casas y pocas viviendas edificadas en altura. Dentro del primer Plan Quinquenal de Perón, se planificaron nuevas barriadas en Buenos Aires, a tono con el «derecho a la vivienda digna», plasmado en la Constitución de 1949. Fue a través del Plan Eva Perón de vivienda social, gestionado por la Dirección General de la Vivienda de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, que vendió casas en créditos a 20 y 30 años. 

En algunos casos fue la misma Evita quien entregó los títulos de propiedad en mano. En 1947 el Estado Nacional adoptó una política de créditos directos a los destinatarixs, produciendo un antes y después en el sistema de producción de vivienda de rentas. De allí en adelante, el Estado tuvo un papel protagónico en la producción de vivienda de interés social. 

El Peronismo llevó a cabo un plan de casas baratas e hizo otros sub barrios como el Caferatta de Chacabuco, y apostó por chalets californianos. El peronismo se basó en las estructuras urbanísticas de los suburbios estadounidenses para hacer ese tipo de casas. Fueron la cara más tradicional de la política de vivienda del peronismo y pasaron a la posteridad como las clásicas casitas peronistas.

Nacieron así, en el norte de la avenida Albarellos, el barrio 17 de Octubre de Villa Pueyrredón (Nazca y General Paz) y el barrio Juan Perón, en torno al Parque Sarmiento, rebautizado Cornelio Saavedra por la Dictadura del 55 de Aramburu. Ambos se lotearon en 1949 en terrenos que pertenecieron a la «Chacra de Saavedra». También surgió el barrio 1° de marzo, renombrado por la dictadura como Barrio Sáenz Peña. En el sur está el barrio Los Perales de Mataderos. En Parque Chacabuco, el Barrio Simón Bolívar y Balbastro del Bajo Flores.

El Barrio 17 de Octubre se inauguró en 1950 y la Revolución Libertadora le cambió el nombre por Barrio General José de San Martín. Este complejo habitacional se encuentra entre extensiones de áreas verdes, son 34 monoblocks que en total suman 959 departamentos de tres y dos dormitorios. También se lo conoce como Barrio Grafa y esta es una particularidad de identidad barrial con testimonios y silencios en referencia a la fábrica, la textil que se encuentra entre las Grandes Fábricas Argentinas (Grafa), que se especializó en confección de ropa de trabajo. Ocupaba diez manzanas. Llegó a emplear más de cinco mil trabajadores. Con la Dictadura Militar de 1976 los telares entraron en decadencia. La fábrica fue demolida en 1994 en pleno neoliberalismo menemista y en la actualidad funciona un hipermercado de una cadena multinacional.

La historia de la fábrica Grafa se relaciona con el Barrio 17 de octubre y las desapariciones forzadas.

La puerta de entrada de la Grafa estaba sobre Avenida Albarellos con numeración 2579. En la década de los veintes un industrial de apellido Callens, dueño de la fábrica Gratry, colindante con el Riachuelo y el Puente Alsina, viajó a su país, Bélgica, y luego de establecer importantes vínculos regresó a la Argentina e instaló la Fábrica Textil Sudamericana, antecesora de la Grafa. Trasladó a su personal desde Nueva Pompeya hasta Villa Pueyrredón. Allí fueron a trabajar familias belgas, italianas, españolas e inmigrantes de otras nacionalidades que, con su impulso, generaron la riqueza de la futura fábrica. Un número importante de lxs habitantes de los barrios de Villa Pueyrredón y Villa Urquiza trabajaban en la fábrica. En sus alrededores se establecieron comercios, almacenes, panaderías, clubes y cafeterías estimulando de esta manera la economía local, sus descendientes todavía hoy recuerdan la epopeya.

Fue en 1926 que apareció esta fabril Grafa, sociedad perteneciente al grupo Bunge & Born. La empresa había montado una hilandería, cien telares y una modesta planta de terminación de tejidos. Bunge & Born adquirió la fábrica Textil Sudamericana, que luego pasó a denominarse Sudamtex. A partir de entonces comienza la historia de Grandes Fábricas Argentinas (Grafa), que se dedicó al principio a la fabricación de frazadas y sábanas para luego pasar a la producción de tela para manteles, ropa fabril y toallas. Llegó a tener en sus épocas de esplendor alrededor de 5.500 obrerxs.

Grafa se fue expandiendo con el tiempo, estableciéndose primero en Santiago del Estero. En 1969 inauguró su predio en La Banda y cinco años más tarde otro en Tucumán. La planta madre de Villa Pueyrredón, desplegada sobre diez manzanas con 122.000 metros cuadrados de superficie cubierta, se convirtió lamentablemente en un enorme galpón deshabitado, sin ruido de telares, como consecuencia del perfil anti-industrial que se estableció en el país a partir de 1976.

Durante 1975 comenzó la represión a lxs trabajadores en todo el país y Grafa no fue la excepción. De acuerdo con el grupo de familiares de víctimas del terrorismo de Estado, Grafa cuenta con el registro de 13 obreros de la textil víctimas de desaparición forzada.

Adrián Ceferino Ballestero, «El Negro Víctor», trabajó 22 años en la fábrica. Fue delegado gremial, y en una oportunidad se presentó junto a sus compañerxs como Secretario General de la Lista Blanca, contraria a la Lista Azul de la derecha gremial que defendía los intereses de la patronal. En el testimonio y reconstrucción de la historia, Alejandra Ballestero, su hija, narra que en esa época su padre comenzó a juntarse con compañerxs de trabajo a escondidas para ver la forma en que se podrían organizar para empezar los reclamos laborales. Se reunían en la iglesia que se encuentra en el barrio Villa Pueyrredón dentro de los monoblocks, lugar que les prestaba el cura Bresci. A partir de esas reuniones se pudo organizar la Lista Blanca, muchxs de lxs compañerxs que la integraban se encuentran desaparecidxs.

A partir de ese momento empezaron los atropellos. Víctor Ballestero fue atacado por la patota de la Lista Azul en la puerta de la fábrica y quedó muy lastimado. Por ese ataque, lxs trabajadorxs decidieron tomar medidas de solidaridad y pararon la fábrica aproximadamente 20 días. A partir de ese paro, se consiguieron varias reivindicaciones, entre ellas, el reconocimiento de la comisión de reclamos. Sin embargo, al poco tiempo, llegó la venganza de Bunge y Born. Comenzaron los secuestros de compañerxs, que luego fueron puestos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y pasaron muchos años presxs. En 1976, en plena dictadura, los militares ya estaban dentro de la fábrica. En agosto un obrero fue secuestrado y apareció torturado y asesinado en el Riachuelo. En septiembre, entre los días 13 y 24, ocurrió la mayoría de los secuestros de los militantes de la Juventud de Trabajadores Peronistas e integrantes de la Lista Blanca. Se organizaron comisiones de compañerxs para colaborar con las familias en las presentaciones de Habeas Corpus y denuncias. Pero, esa vez, fue diferente, ya no era ir a buscarlxs a las comisarías y a los hospitales, no aparecían en ningún lado y la palabra desaparecidx hasta ese momento no era usual. El último al que fueron a buscar fue a Ballestero. Se acercaron patotas civiles y militares en coches Falcon y camiones del ejército, muchísimos represores para él solo. Cortaron las calles y rodearon las manzanas del barrio, esperaron que saliera hacia su trabajo alrededor de las 5 de la mañana y, cuando se encaminaba a la parada del colectivo donde se encontraban varios vecinxs esperando para poder viajar aparecieron militares para secuestrarlo. Él corrió y se resistió, sin embargo, lo balearon y se lo llevaron herido. Lo subieron al baúl de un Falcon y nunca más se supo de él.

Luego de 75 años de historia, Grafa, la compañía textil que funcionaba desde 1930 y que históricamente se había especializado en confección de ropa de trabajo, fue adquirida por la brasileña Santista e ingresó al negocio de la moda. El control de esta empresa, que cotiza en la Bolsa de San Pablo, es compartido en porciones iguales por el Grupo Camargo Correa y Sao Paulo Alpargatas.

Villa Pueyrredón es un barrio de los de antes y de los de ahora. Tiene vecinxs de más de 80 años que recuerdan cuando era una zona rural y pibxs que andan en bicicleta por la misma vereda en que las señoras toman mate antes de que baje el sol. Las casas con recuerdos de vides y enredaderas, rejas altas, zaguanes y puerta a dos hojas están ubicadas al lado de chalets de los años noventa con reglamentarios ladrillos a la vista y jardines.

Desde la década de los noventas existe un ejemplo que se levanta como monumento al proceso que vivió el país en las últimas décadas: el Supermercado Walmart, un gigante instalado sobre las ruinas de la ex Grafa. En los paredones que están sobre la avenida Albarellos, entre Bolivia y avenida de los Constituyentes, los chicxs pintaron murales que reflejan la historia de esa fábrica que le dio vida y trabajo a lxs abuelxs y padres de muchos de ellxs. Se inauguraron el 25 de octubre de 2000 y son 48 en total. Es trabajo que realizaron alumnxs, docentes, padres y vecinxs del Distrito Escolar N° 16, con el aporte y documentación de la Junta de Historia y Cultura de Villa Pueyrredón y del Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, con el invalorable aporte de vecinxs, muchos de ellxs ex obrerxs de la Grafa. Este trabajo fue parte de un proyecto de reconstrucción de la memoria llamado «Nuestras Raíces». Lxs alumnxs de 28 escuelas investigaron la historia de la fábrica. Cada colegio se dedicó a un aspecto diferente. El carnaval, el 17 de octubre y lxs trabajadorxs desaparecidxs. Estos murales constituyen un homenaje al trabajo y dignidad de un pueblo que creció con el orgullo de sentirse protagonista y forjador de su propio destino.

La política de no tener política industrialista fue llevando al país a reemplazar fábricas por hipermercados. Donde estaba la Grafa se levantó Walmart, de capitales norteamericanos. En un momento la empresa decidió hacer desaparecer nuevamente a los trabajadores de la Grafa. Mediante brochazos de pintura blanca, borrando uno de los murales de la avenida Albarellos. El mural tenía los nombres de lxs desaparecidxs de la Grafa y casualmente un 23 de marzo, la pared fue blanqueada por órdenes de las autoridades del supermercado Walmart. «Lo mandé a tapar porque dibujaron porquerías», le contestó quien en ese momento era el gerente general de la empresa al supervisor del Distrito Escolar y al Secretario de Derechos Humanos de CTERA Miguel Nazar Gaule, quienes le pidieron explicaciones. El gerente de la empresa se refería, aparentemente, al grafitti que se había realizado sobre el mural. El hecho fue considerado un agravio a la memoria histórica de lxs desaparecidxs de la Grafa y al patrimonio histórico del barrio. Después fueron recuperados por una comisión integrada por instituciones barriales, ex estudiantes, estudiantes y docentes del distrito escolar.

El grupo de teatro comunitario Los Villurqueros, es autor de la obra «Grafa memoria de un pueblo». La primera vez que salieron a escena con esta pieza declarada de Interés Cultural por la Legislatura Porteña y apoyada por el Instituto Nacional del Teatro fue en mayo de 2014 en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti en el predio de la ex ESMA.

Para reconstruir esta historia, «que estaba olvidada de la memoria oficial», según la villurquera Mariana Rosales Ocampo, recopilaron testimonios de vecinxs, ex-obrerxs, sobrevivientes e hijxs de detenidxs-desaparecidxs de la fábrica. Liliana Vázquez, directora del grupo, asiente: «Reivindicamos la lucha de Grafa, ellos estaban en contra del desmantelamiento de la fábrica, estaban en contra de los sindicalistas corruptos». El movimiento obrero, a través de la Lista Blanca, empezó entre el 74 y 75. Solían detenerlxs. Pero luego se agravaron las consecuencias llegado el golpe de Estado, cuando lxs detenían y también desaparecían.

Más de medio siglo después, los micro barrios peronistas de Capital Federal están vigentes por su extenso verde, pero también por la calidad de sus cimientos. Su presencia es testimonio vivo de aquella constitución del 49 que ponía el «derecho a la vivienda» en lo alto de las políticas públicas. La Grafa constituyó un hito muy importante en el desarrollo de Villa Pueyrredón, dejando un recuerdo imborrable en el tiempo.

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Sobre LA AUTORA

Nadia O. Mayorquín es economista y socióloga. Nació en México y Argentina es su segundo país. Escribe sobre temas relacionados con Derechos Humanos, geopolítica, disidencias, resistencias populares en Medio Oriente y América latina, entre otros.

Forma parte de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica por las víctimas y crímenes del  Franquismo  en su versión Argentina (ARMH Argentina).  Ha participado en diversos proyectos colectivos, entre ellos el poemario colectivo Anticuerpxs de casa tres ediciones. Actualmente escribe para la Agencia Paco Urondo, Revista Sonámbula  y la Revista Varla, entre otros medios gráficos. Es columnista de DDHH en el programa radial La Palabra Justa por FM La Patriada.