MÜSICA

Roto y mal parado

 

 

ace poco tiempo surgió una ¿polémica? con motivo de la presentación del documental “Rompan todo”, en Netflix a cargo de Gustavo Santaolalla.

Se cuestionó no solo su mirada, sino también su trayectoria.

No vi dicha producción, ni creo que lo haga, me bastó con seguir el rumor de la polémica.

A través de ese rumor noté que muchos de los que lo producían no conocían la historia musical de Santaolalla, o quizás tan solo su obra más reciente, y su carrera como productor exitoso.

No es mi intención continuar con esta historia, sino que me da pie para hablar de otra cosa, de un cambio, algo que sucedió no solo en Argentina, sino en el mundo, y que creo corresponde a otro orden mucho mayor que el de la música.

Casi todo el siglo XX tuvo a la vanguardia y al progreso como epítome de sentido. Toda disciplina humana se guio con este precepto: el mañana sería mejor.

Este paradigma comenzó a resquebrajarse mediando el siglo; luego con el correr de los años y la sangre brotada en las sucesivas revoluciones, golpes militares y experimentos sociales, culminó su liderazgo con el símbolo de la caída del muro alemán, la ruptura del eje soviético y la aparición en escena del pensador americano – pero de origen japonés-, Francis Fukuyama, que vaticinó “El fin de la historia”.

Dicho concepto, digamos, evolutivo, involucra fuertemente otro, la experimentación, el que a su vez se relaciona a lo técnico, a lo tecnológico, englobando todo a conceptos como: cambio, revolución y progreso.

El Arte es quizás la expresión poética de este paradigma, y en su desarrollo podemos ver, aparte del propio goce, el desarrollo de la historia humana.

El rock nació en medio de estos cambios. Su historia debe constatarse junto a la de la tecnología, a partir de la electricidad y la electrónica.

En sus comienzos surgió como electrificación y amplificación del blues rural, acompañado de las modificaciones que sucedieron en el mercado luego de la culminación de la segunda guerra mundial, donde un incipiente nuevo consumidor, el adolescente, era objeto – y luego sujeto – de dicho cambio.

A medida que avanzaban los años y la experimentación continuaba alimentando la técnica y ésta al mercado, nuevos instrumentos y tecnologías se incorporaron a la naciente industria juvenil.

Los jóvenes se sintieron convocados y participaron activa y masivamente de esta novedad, Santaolalla fue uno de ellos.

Comenzó con su grupo Arco Iris a finales de los años sesenta y la carrera de este grupo me sirve como para ejemplificar mi idea.

En 1970 graban su primer álbum, titulado “Arco Iris”, que consta de canciones pop con algún tinte rock en su instrumentación, más una leve coloración folclórica, que sería una de las características principales de la banda, resaltando allí dos temas: “Hoy te miré”, y “Canción De Cuna Para Un Niño Astronauta”, del resto de los diez temas que contenía la placa.

Siguiendo con la tónica de experimentación y progreso antes enunciada, el grupo crea una serie de álbumes hasta llegar a 1972 donde producen, “Sudamérica, o el regreso a la aurora», ambiciosa obra contenida en un doble Lp, en que dicha fusión folclórico-rockera alcanza su máxima expresión.Es este un magnífico trabajo, en el quecomienzan a notarse fuertes influencias del jazz moderno – supongo obra del gran Ara Tokatlian -, que luego continuarían en posteriores trabajos de la banda como “IntyRaimi”, y “Agitor Lucens V”, ya dentro de un sonido cercano al de Santana era “Welcome”.

En 1977 publican “Los elementales”, ya sin Santaolalla ni Gianello, sucediendo aquí  algo exclusivamente jazz-rock y electrónico, tendencia dominante en el mercado juvenil mediando la década.

En forma contemporánea a sus ex compañeros de banda, Gustavo arma la agrupación “Soluna”, de tendencia folclórica recuperando el viejo estilo de Arco Iris, alejados del sonido imperante en el rock de la época.

Es en esta época donde veo se produce un cisma que vino a reconfigurar el futuro, no solo de Santaolalla, sino de toda una generación de rockeros en todo el mundo.

En nuestro país la semilla (o la excusa) fue la situación social agravada con el golpe del 76; en EEUU, Reagan; Thatcher en Inglaterra; la ejecución de los miembros de la RAF en Alemania, y así cada región tendrá su disparador que coincidirá, según mi opinión y salvando contadas excepciones, en el abandono de aquel paradigma progresista dominante hasta esos momentos.

La experiencia de Soluna se disuelve en 1978 y Santaolalla emigra a EEUU, así como también los otros miembros de Arco Iris: Ara Tokatlian, Guillermo Bordarampé y Dana.

No he seguido sus trayectorias desde entonces.

A comienzos de los 80 comenzó a sonar en la radio – la recién estrenada FM – un disco nuevo de Santaolalla, enrolado dentro del sonido imperante en la época denominado “New Wave”.

Poco o nada queda del anterior sonido experimentando la cruza del rock con el folclore y la electrónica. Sonaba muy bien eso sí, moderno, como se le decía, y Charly cantó que ya era parte del mar, aunque luego nadó un río parecido, y le fue muy bien.

¿Qué pretendo demostrar con este texto?

¿Quiero salvar a Santaolalla de la hoguera a la que lo han condenado quienes no lo han escuchado?

En parte, sí, aunque más no sea, su música, ya casi olvidada.

Posiblemente haya que olvidar este “Rompan todo” y recuperar aquello que lo hizo llegar al éxito, para que las nuevas generaciones de oyentes no se queden tan solo con ese rumor.

 

Nací en Valentín Alsina en 1962, un barrio de casas bajas con inmigrantes europeos, paraguayos y algún argentino emigrado de su provincia durante la industrialización del Gran Buenos Aires.

El potrero, distante dos cuadras de casa, fue el paraíso que me formó en la infancia.

La adolescencia de rock, drogas y militares en la calle.

Me hice librero a fines de los 80 y desde entonces vengo recomendando lo que me gusta y aprendiendo también, porque de eso se trata.

 

 

Sobre EL AUTOR

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