Perlas

Octubre 23:

La memoria como construcción:

“Un país sin cine documental, es como

una familia sin un álbum fotográfico”.

Patricio Guzmán

Una mañana de 1984, en el patio del Colegio Nacional de Vicente López, un joven profesor de historia (Oscar Edelstein), algunos padres y algunas madres, docentes, amigos y no recuerdo demasiado bien quienes más, nos brindaron una jornada sobre derechos humanos que jamás olvidaré. Sin darme cuenta, estaba cruzando una invisible línea entre el final de la dictadura más sangrienta de la historia argentina y el comienzo de la primavera democrática.

Ese día, con trece años, escuché por primera vez, el relato descarnado sobre el secuestro y la desaparición de un grupo de adolescentes que habían cursado en mi colegio unos años antes, sólo eso era lo que me diferenciaba.“Eran pibes de mi edad”, fue lo que primero me sucedió. “Se los llevaron de sus casas mientras dormían”, se me pegó en la memoria por siempre.

Aquella jornada pasó y el tema siempre quedó dando vueltas como un fantasma presente. Las charlas en el centro de estudiantes aumentaron ese mito que me interrogaba a diario. Con aquella historia crecí, atravesé la adolescencia, creí olvidarla, conviví impotente y la llevé a pasear por mi vida hasta el 2014, justo treinta años después, donde me propuse armar una cooperativa y transformarla en un trabajo documental que ponga luz sobre esas fotos borrosas de adolescentes, que hurgaban en mi memoria.

Junto a Adrián Tanus, ex compañero y amigo del colegio, y Federico Coringrato, realizador audiovisual y compañero de trabajo en una productora, durante cuatro años maduramos y le dimos forma a este proyecto hasta llegar a un puerto relativamente calmo. Jorge Chickiar, otro ex alumno y compañero del colegio, se encargó de hacer la música original y Sergio Falletti, del diseño gráfico. Otros hicieron las traducciones para subtitularlo. Con mil dudas, muchas intuiciones y algunas certezas, habíamos convocado a los entrevistados y cuatro años más tarde lo proyectamos de manera exclusiva para ellos, en un silencio que valía mil palabras.

En Octubre de 2018, en la sala Raymundo Gleyzer del Centro Cultural Conti (ex ESMA) estrenamos, con localidades agotadas y gran tensión, “Octubre 23, una historia de estudiantes secundarios”. Nunca recibimos tantos “Gracias” sinceros desde el alma como aquel día. Fue el cierre de un círculo mágico. Y el comienzo de uno nuevo.

La película se multiplicó y viajó a Segovia, a Rumania, a Madrid, a la TV pública de México y a distintos festivales del mundo. Fue emitida en la Biblioteca Nacional y en el Centro Cultural San Martín. Nos llevó a Miramar, Mar del Plata, Río Cuarto y Trenque Lauque como gratos invitados en proyecciones memorables. Recorrimos barrios, centros culturales y fuimos a todo lugar donde nos invitaron. Los debates posteriores a las proyecciones se convirtieron en impresionantes terapias de aceptación y procesamiento colectivo. Una concejala del FPV de Vicente López, Marcela Cortiellas Córdoba, lo presentó en el Concejo Deliberante y, finalmente, fue declarado de “Interés” en un municipio que tiene una mayoría ideológicamente contraria al Memoria, Verdad y Justicia. Fue proyectada en el cine principal de Gral. Alvear, provincia de Mendoza, en varias jornadas para todos los estudiantes secundarios de la ciudad. Después de cierta resistencia, se logró reproducir para  los alumnos de cuarto, quinto y sexto año en el salón de eventos del colegio(hoy Media Nº6) donde todo esto se gestó. El Instituto Superior de Formación Docente Nº39 lo utiliza como material didáctico en la materia Pedagogía de la Memoria. Una agrupación estudiantil de ese profesorado se autodenominó con el nombre de la película. Nos convocaron de la Universidad de Pittsburgh (EEUU) para una charla con el Centro de Estudios para Latinoamérica. Sigue guardado en algún cajón del HCD el proyecto de cambiar el nombre del pasaje Tomás A. Edison, cercano al Nacional, por el de “Octubre23”.

Muchos son los movimientos que este trabajo generó y podrá seguir generando. Sin embargo hay cosas que son fundamentales para mí: que es una historia atemporal que habla por muchas otras, ello  la transforma en universal y mucha gente se siente identificada: especialmente los adolescentes. Otra, que es una historia que no deja dudas acerca de la brutalidad de la dictadura militar; y también, la sensación palpable de que la película reconstruyó parte de un tejido social. Casi una metáfora para llegar a la conclusión clave: La memoria es y será una construcción colectiva.